Soy Elena Silla y me encantaría contar mi historia de amor con Asia. Ella llegó a mi vida en 2013, recién nacida, junto con varios de sus hermanos. Recuerdo una noche de frío y lluvia y las responsables de la prote nos avisaron de que habían dejado una camada de bebés recién nacidos.

Acogimos a 4 de ellos y ya se notaba que habían pasado horas de frío y aunque por unos días parecía que progresaban, 3 de ellos no lo superaron. Asia fue la más pequeñita y débil desde el principio y, sin embargo, fue la única superviviente.

Toda la familia nos volcamos cuidando de ella: biberones, estimular pipis y cacas, mantita de calor, duchitas con toallitas húmedas… fue bonito y muy duro. Hasta que abrió los ojos y todo se iluminó, para ella y para todas. Nos avisaron de que había una familia esperando para adoptarla en cuanto estuviese más fuerte.

Lloré por pensar que se iba, lloré porque no quería soltarla de mis brazos. Hasta que conocí a Vanessa, su persona, que desde el primer momento me pareció su persona perfecta. Los primeros meses y durante unos pocos años, la visité, la vi crecer, recibía constantemente fotos suyas, supe que tuvo una hermanita humana y que son muy buenas compañeras.

Hace poco, pasando unos días en El Rincón de Ágata me enteré de que Asia era una huésped habitual y que… ¡Íbamos a coincidir por un día entero! ¡Qué ilusión! Mi pequeñita, siete años después, que ya es mayor y súper grande, aunque tiene la misma cara y la misma mirada.

La abracé tanto como pude y me dejó, le hice fotos para no olvidarme nunca de nuestro reencuentro, la miré tanto como la miraba de bebé, nos miramos y nos enamoramos.

Ahora la vuelvo a echar un poco de menos, aunque vuelvo a sentir esa seguridad de que tiene la mejor vida y que es muy probable que pronto nos volvamos a encontrar en El Rincón de Ágata.

Gracias, pequeñita Asia, por encontrarte de nuevo en mi vida.  

Elena Silla

Dogsanimal