Salva Herrero se declara un enamorado de los perros. Le encanta jugar con ellos, sacarlos a pasear, observarlos y aprender de ellos. Y si Happy despertó esta pasión por los perros, su peluda Kenia, hizo el resto.

Así que ahora, Salva es cuidador de perros, comunicador, voluntario de una protectora y, además, un apasionado del cine. Os invito a leer esta entrevista para conocerle mejor, ya que Salva es el nuevo colaborador de este blog Hadas Perrunas.

A partir de hoy, Salva entrevistará a personas públicas que tengan perro y quieran contarnos cómo es su vida junto con su compañero peludo. Hadas Perrunas sigue creciendo y lo hace de la mano de Salva Herrero.

¿Nos acompañas?

Salva, ¿cómo empieza tu historia de amor con los perros?

Lo mío fue un flechazo con los peludos desde que era muy pequeño.

Empezaré diciendo que siempre he tenido muy mala memoria y se me olvidan las cosas con cierta facilidad. Prácticamente, no recuerdo nada de mi infancia. Digamos que tengo memoria de pez.

Sin embargo, recuerdo perfectamente a Happy, una mestiza, mezcla de pastor alemán y mil cosas más. Mis tíos la rescataron de una muerte segura cuando tan solo tenía tres días de vida y aún tenía los ojos cerrados. La sacaron adelante con biberón y mucho cariño.

Cuando me acercaba a ella, la veía como una gigante. Yo de pie apenas le llegaba a su lomo. Siempre estaba feliz y contenta cuando ibas a su casa. Era muy paciente y cariñosa. Yo, constantemente, estaba encima de ella, jugando y, seguramente, incordiándola en más de una ocasión, pero jamás tuvo un mal gesto con nadie.

Nos íbamos de acampada y ella siempre estaba pendiente de todos nosotros. Era una aventurera nata. Hacíamos rápel, espeleología o senderismo y ella lideraba siempre el grupo. Desde entonces, siempre he estado rodeado de peludos, aunque no tuve perro hasta una edad adulta.

La tenencia de un animal es una decisión muy seria que debe ser muy meditada. Mi madre y yo salíamos de casa a las ocho de la mañana y no regresábamos hasta la noche. Ella estaba trabajando todo el día. Yo, en el cole o en el instituto. Nuestra vida era totalmente incompatible con poder tener un perro en casa en condiciones óptimas.

Aun así, yo se lo pedía todos los años y ella me lo explicaba con mucha paciencia y  parece que yo lo entendía con resignación.

Tengo entendido que sin Kenia no serías la persona que eres.

Sin duda alguna. Ella me ayudó a entender mejor a los perros y a los humanos.

Kenia llegó a nuestras vidas sin esperarlo, en unas condiciones realmente lamentables, totalmente desnutrida, con una fractura en una de sus patas, recién operada y llena de magulladuras. No tenía chip y no sabíamos qué le había ocurrido. Nada bueno, eso te lo aseguro.

Mi pareja por aquel entonces, una amante de los animales, en especial de los perros, no dudó ni un segundo en ofrecerse como “casa de acogida”. Es decir, te ofreces para cuidar a un perro por un tiempo limitado hasta que se consiga una familia adoptiva definitiva. Ella colabora con varias protectoras y asociaciones y al ver su dramático caso me llamó para comentarme su decisión.

En ese momento yo estaba de viaje por trabajo. Recuerdo perfectamente lo que me dijo: “cuando llegues a casa, verás en el comedor una perra. No te preocupes de nada. No le hagas mucho caso. Ella que descanse y tú bájate a tomarte una cerveza”.

Lógicamente, no me quedé muy tranquilo y cuando llegué a casa y vi a Kenia en ese estado, pensé que no sobreviviría ni la primera noche con nosotros. Afortunadamente, me equivoqué.

Lo mío fue amor a primera vista. Creo que lo suyo también.

¿Qué es lo más importante que aprendiste de Kenia?

La capacidad de resiliencia que demostró esa perra fue increíble. Se adaptaba a cualquier problema de salud que pudiese tener y te aseguro que fueron bastantes. Se conformaba con poco para ser feliz. Tan solo te pedía un poco de comida, agua y cariño.

Los humanos estamos a años luz de ese comportamiento, lealtad y amor incondicional. Siempre nos estamos quejando, somos materialistas por naturaleza y poco pacientes. Desde que la conocí, intento aplicarme esa filosofía y te aseguro que funciona.

Comencé a valorar los pequeños detalles y a darme cuenta de que no necesitamos tantas cosas materiales para ser felices. Un agradable paseo con ella por el parque era una auténtica fiesta. La mirabas y estaba contenta. Intentábamos que formara parte de cualquier plan que tuviésemos en mente: pasear por la ciudad, merendar, irnos de viaje o visitar a algún amigo. Si Kenia no podía ir, cambiábamos de propuesta. Me sentía muy bien a su lado.

Cuando regresaba tarde del trabajo o había pasado alguna noche fuera, me encantaba darme un buen paseo con ella nada más llegar. No importaba lo cansado que estuviese o lo tarde que fuese. Era mi confidente. Era mi mejor amiga.

Ahora Kenia ya no está, pero tu amor por los perros continúa y dedicas parte de tu tiempo a ser voluntario en Modepran Valencia. ¿Por qué realizas este voluntariado?

Desde que se marchó Kenia, en breve hará dos años, quise suplir de alguna manera su ausencia. Mi vida personal había cambiado considerablemente y no podía hacerme cargo de un nuevo peludo.

Viajaba mucho por trabajo y tal y como te he comentado, si no podía cuidar a un animal como yo creo que se deben cuidar, mejor no dar ese paso. Así que comencé a investigar por internet qué asociaciones o protectoras había por Valencia o alrededores y qué podía hacer yo por los perros.

Así es como contacté con Modepran, una protectora que se encuentra en Benimámet, una pedanía de Valencia.

¿En qué consiste el voluntariado? ¿Qué tareas realizas?

Básicamente, mi función es la de pasear perros. Los trabajadores de allí están muy saturados de tareas y creo que los voluntarios hacemos una labor importante. Ellos tienen que atender la oficina, los posibles procesos de adopción, la limpieza y mantenimiento de las instalaciones, el rescate de animales, sus curas y alimentación.

Siempre estamos coordinados por las trabajadoras de la prote. Es un equipo prácticamente femenino. Como siempre, nos ganáis en todo por goleada. Los paseos están muy bien organizados. Actualmente, somos un equipo de quince voluntarios bastante homogéneo.

Es fundamental que haya continuidad por parte del voluntario y que te comprometas a ir al menos un día por semana. Hay paseos dos tardes por semana y las mañanas del fin de semana. Si dejas de ir de manera continuada y sin causa justificada, sales del grupo y entra otra persona.

Esa continuidad por parte del voluntariado es positiva para los perros. Cuando semana tras semana repites con los mismos peludos, estos pasean más relajados y se crea una relación más estrecha con ellos.

Cada día somos más autónomos. Es decir, ya entramos en las jaulas, conocemos su espacio, les ponemos la correa y los devolvemos a su lugar.

¿Qué te aporta sacar a pasear a estos perros?

La satisfacción de saber que al menos han podido salir de sus jaulas unos treinta o cuarenta minutos a la semana. Sí, como lo lees, la gran mayoría están encerrados la mayor parte de la semana y solo salen a pasear cuando van los voluntarios.

¿Te imaginas como estarías tú si estuvieses encerrada en tu habitación, ya no digo en tu piso, si no en un pequeño cuarto durante toda la semana? Pues así son sus días y sus noches.

Por eso nos gusta ir a pasear, para darles aunque sea unos minutos de libertad y cierta normalidad. Y si te soy sincero, ellos me ayudan a desconectar de muchas cosas y quitarme muchas tonterías de la cabeza. Esta afirmación creo que la compartirían varios de mis compañeros/as de paseos.

¿Qué crees que le aportas tú a ellos?

Intento aportarles algo de afecto y cariño. Las historias de cada uno de ellos son terribles: abandonos, malos tratos, utilizados en peleas, crías indiscriminadas, etc. El ser humano puede ser abominable.

Sus niveles de estrés y ansiedad son altísimos. Lógico y normal con todo lo que llevan en sus lomos. Es inevitable que tiren de la correa, que quieran salir corriendo y que los paseos no sean siempre placenteros.

Con tiempo y con la ayuda y consejos de Andrea, una de las coordinadoras, he conseguido salir a pasear con una correa bastante larga, de diez metros. Esto les otorga bastante libertad a los peludos y pueden correr y esprintar sin ahogarse tanto.

Sin embargo, tienes que aumentar la atención y la precaución para no causar ningún accidente con otros caminantes, bicicletas o compañeros que pasean a otros perros.

Es un gustazo ver cómo durante unos minutos olfatean, corren, se bañan en las acequias, te piden unas chuches o incluso que les acaricies.

¿Es duro volver a casa y saber que ellos vuelven a sus jaulas?

Las primeras semanas fueron demoledoras. No creía que tuviese continuidad. Pensaba que me lo dejaría.

Me volvía a casa casi llorando, viendo que tras el paseo, ellos seguían ladrando, gimiendo o intentando atacarse entre ellos. Luego me acordaba de Kenia e imaginaba que se sentiría orgullosa de verme pasear con otros perros y aportando mi pequeño grano de arena.

Otra parte, sin duda, muy gratificante es cuando por el grupo de whatsapp de los voluntarios nos informan que algún peludo ha sido adoptado. Incluso alguno de ellos viaja hasta Alemania donde la protectora tiene un acuerdo con otro refugio de allí.

En estos casos tengo sentimientos enfrentados; una enorme alegría porque una nueva familia les da una oportunidad y, por otro lado, cierta tristeza por saber que a alguno de tus peludos favoritos y con los que llegas a tener una relación más estrecha, ya no lo verás más.

Somos muy activos en las redes sociales y siempre estamos publicando fotos y vídeos de nuestros héroes para apoyar su adopción.

¿Aconsejas a las personas ser voluntarios de una protectora de animales?

Totalmente. Te cambia la mentalidad en muchos aspectos. Razas que pensabas que eran sumamente peligrosas, llámense pitbull, american stanford, rottweiler, etc., descubres que son perros extraordinarios, equilibrados y cariñosos.

El problema radica, como casi siempre, en el humano. Aquel que ha educado mal a este tipo de animales.  

Con todo lo que han pasado y sufrido, entras en su jaula y no pasa nada. Si quisiesen, de un bocado te dejarían sin brazo. Eso sí, yo siempre pregunto a Andrea, la trabajadora de la protectora que se ocupa de los voluntarios, en qué jaula puedo y no puedo entrar.

Algunos vienen con muchos traumas y es difícil su socialización. Ella los conoce a todos. Tiene un instinto especial con todos ellos. Los trata con sumo cariño y dedicación. Estoy aprendiendo mucho con ella.

Creo que antes de adoptar un perro, habría que pasar antes por un voluntariado de unas semanas. Me explico. Antes de tomar una decisión tan importante que implica una responsabilidad de muchos años, pediría que el interesado/a viniese a pasear todos esos días con nosotros, le apetezca o no, haga frío o calor, llueva o truene. Manchándose de barro, orines y heces.

Da igual si tienes una cita con los amigos. Tienes que ir a la protectora a pasear, porque esa obligación multiplicada por diez es la que habrás adquirido cuando lo tengas en casa.

Y por supuesto, no compréis perros porque tenéis de todos los colores, tamaños, edades y caracteres para elegir en la protectora.

¿Cualquier persona puede ser voluntaria o es necesario tener conocimientos sobre perros o cierta experiencia?

No es necesario tener ningún tipo de conocimientos sobre perros ni tener o haber tenido ninguno en casa para venir a ayudar. Basta con que te gusten y quieras dedicar una parte de tu tiempo libre a pasear con ellos y disfrutar de su compañía.

De hecho, aconsejaría que nadie viniese con la idea de educarlos o adiestrarlos. No pretendas que paseen a tu lado o que no tiren de la correa hasta cansarte. Ellos quieren libertad. Recordad que pasan la mayor parte del tiempo encerrados en sus jaulas.

Además, son paseados por muchas manos diferentes y no es justo ni ético que en ese breve tiempo de esparcimiento semanal que tienen, un humano les diga lo que tienen que hacer. Algunos, de hecho, ni te mirarán ni te saludarán, y no pasa nada por ello.

Ahora, además, has dado un paso adelante y ofreces tu servicio como cuidador y paseador de perros a través de la plataforma Gudog. ¿En qué consiste este servicio?

La plataforma la conocí hace unos años, pero desde el otro punto de vista, es decir, el de responsable de un perro (los términos dueño o propietario me resultan extraños) que necesita dejar a su peludo con alguien de confianza durante el fin de semana.

A través de esta plataforma se ponen en contacto a cuidadores con “propietarios” de perros que necesitan que paseen a sus peludos o dejarlos alojados en un espacio más cálido y cómodo como es mi propia casa.

Es una buena alternativa a las residencias caninas.

Incluso hay gente que no quiere dejar solo a su perro mientras se van a trabajar, entonces me lo pueden traer a casa o lo recojo yo en el domicilio del cliente. El perro y yo estamos juntos hasta que su familia esté de vuelta. Les doy de comer, paseamos o nos echamos una siesta.

También me los llevo al monte y hacemos buenas excursiones. Paseos diferentes a los que estamos acostumbrados a realizar en nuestros barrios por la limitación del tiempo.

¿Cómo se contrata?

Es muy sencillo, entras en la web de Gudog, das de alta a tu peludo, filtras por la zona donde quieres el servicio o bien buscas directamente a un cuidador.

Ves el perfil de cada uno de nosotros: experiencia, algún tipo de formación, tarifas y las valoraciones de otros usuarios anteriores. Este, por ejemplo, sería mi perfil de Gudog.

Sería como un Airbnb de perros. La comunidad tanto de usuarios como de cuidadores es muy grande, no deja de crecer.

Supongo que lo más importante a la hora de que te llamen es la confianza. ¿Cómo generas confianza en los responsables de perros que lo van a dejar a tu cuidado?

La confianza que generas en los dueños de los perros es una parte fundamental del servicio. Ten en cuenta que dejas a un miembro de tu familia en manos de alguien desconocido. Es una decisión muy importante.

Las valoraciones de otros usuarios anteriores es determinante, así como mantener un perfil actualizado y que respondas de manera rápida y honesta a cualquier pregunta que te formulen.

Durante todo el servicio estoy en comunicación con ellos y les mando, a través de la mensajería de la app, fotografías con sus perros mientras paseamos, estamos en el pipican con otros perros o en casa jugando.

Siempre recomiendo que nos conozcamos todos, perros y humanos, antes de realizar el servicio. Ese primer contacto genera mucha confianza. En un breve paseo y charlando por la calle, ya se intuye si nos vamos a gustar o no.

También aprovecho para rellenar un breve cuestionario sobre las necesidades y características del animal, su carácter tanto en casa como en la calle, horas de las comidas, si se le pueden ofrecer o no chuches, duración de los paseos, etc.

Pero por encima de todo te aseguro que el mejor feedback lo dan los propios perros. Ellos no necesitan hablar para comunicar a su familia si han estado a gusto o no contigo. Eso se nota rápidamente cuando vienen a por él o cuando lo entrego en sus casas.

¿Recomiendas este servicio?

Creo sinceramente que es un servicio muy cómodo y práctico. Te puede sacar de más de un apuro, una convalecencia que te impide sacar a pasear a tu perro o una escapada de fin de semana a la que no puedes llevar al peludo.

Quizá no te apetece dejarlo todo el día solo o incluso teletrabajando, prefieres que alguien le dé un paseo de una hora.

Además, durante todo el servicio, ya sea alojamiento, guardería de día o paseo, tu perro contará con cobertura veterinaria en caso de accidente, mordedura, ingestión de algún alimento en mal estado, etc. Se acude a tu veterinario de confianza y así estamos todos más tranquilos.

Además de todo esto, ¿tienes planes de futuro en el mundo perruno?

Pues la verdad es que cada día estoy más a gusto rodeado de peludos que de personas. Mis amigos me dicen que soy un poco raro. Muchos no entienden que vaya a la prote varios días a la semana o cuide perros en mi casa. Yo, sin embargo, cada día aprendo más de ellos y me gustaría formarme de una manera más profesional.

Las TAA (Terapias Asistidas con Animales) me parecen un mundo apasionante. Ver lo que puede hacer una animal por mejorar la calidad de vida de las personas mayores, niños con necesidades especiales o personas ingresadas en centros hospitalarios, es espectacular.

Está demostrado científicamente que los perros aumentan la autoestima, combaten la depresión, contribuyen a la estabilidad psicológica y proporcionan alegría.

Sin ir más lejos, mi propia abuela es un buen ejemplo. Ella, por naturaleza, no es la persona más alegre ni positiva del mundo. Pues bien, cuando iba a verla con Kenia, le cambiaba la cara por completo. Sonreía, le tiraba la pelota, la acariciaba y se sentía mejor.

Salva, también eres muy cinéfilo. ¿Te gustan las películas de animales? ¿Qué te aportan?

Tengo el corazón dividido con las películas de animales. Por un lado, hay interesantes films en los que los animales son los protagonistas. Véase como ejemplo la ganadora de cinco estatuillas de la academia “The Artist” donde Uggie, un Jack Russell, era sin duda el gran reclamo.

Incluso hubo rumores de una posible nominación al Oscar como mejor interpretación. No es broma. Y ¿quién no ha llorado viendo “Siempre a tu lado; Hachiko”, la peli de Richard Gere y su fiel perro de raza Akita?

Los animales nos despiertan nuestros instintos más emocionales. Parece como si nos humanizásemos más cuando aparecen ellos en escena. Qué contradicción, ¿verdad?

Sin embargo, el gran Alfred Hitchcock, un gran amante de los perros, por cierto, siempre decía: “¡nunca trabajes en un rodaje con niños ni con perros!”. Esta frase venía a decir que no es tan bonito ni sencillo como luego lo vemos en la gran pantalla.

Estoy a favor de adiestrar a los animales, en este caso a los perros, cuando buscamos un fin social como son los perros guía o de rescate. Del mismo modo que cuando buscamos ayuda en un profesional, educador canino, etólogo o adiestrador para cambiar una conducta negativa o agresiva del animal. También para educarnos a nosotros, ya que somos muchas veces los culpables de la conducta de nuestro perro.

Sin embargo, en el cine se busca un espectáculo, un show, como si estuviésemos en el circo y con esa parte del adiestramiento ya no estoy tan de acuerdo.

Seguro que se cumplen con una serie de requisitos; horarios de trabajo, descansos y que los cuidan muy bien, pero educarlos para que me entretenga a mí, me cuesta más aceptarlo.                                                                                

¿Tienes alguna película de perros o animales favorita?

Me llevé una gratísima sorpresa hace dos años en “Festival Internacional de Cine de San Sebastián” durante la proyección de la película española “Diecisiete”.

Está dirigida por uno de mis realizadores favoritos, Daniel Sánchez Arévalo, responsable de películas tan recomendables como “Azul oscuro casi negro”, “Primos” o “La gran familia española”. Pues bien, él es un gran amante de los perros y en esta peli, Oveja, un perro procedente de una protectora, es uno de los grandes protagonistas.

A diferencia de las pelis con perros que ya conocemos, Oveja no era un “profesional” del séptimo arte. No estaba, como dice el director, resabiado. Evidentemente, tuvieron que entrenar mucho con él, pero surgió todo de una forma más natural y fluida que el resto de películas que ya conocía. Además, el protagonista de la película, el joven Biel Montoro decidió adoptar al peludo al terminar el film. Tal y como dijo en rueda de prensa, “el vínculo que se creó durante el rodaje fue indisoluble y traspasó la gran pantalla”.

Ahora vive con él y con el resto de su familia.

Os dejo parte de la rueda de prensa en la que les pregunté exactamente por el papel tan importante que juega el perro en esta peli.
Por cierto, si tenéis interés en verla, creo que aún la tenéis disponible en el catálogo de Netflix.

Pues bien, ahora ya conocéis un poco mejor a nuestro nuevo colaborador, Salva Herrero. Y por lo que nos cuenta en esta entrevista, yo no me perdería su nueva categoría en este blog, a la que hemos llamado Cultura Perruna.