Conocí a Hada el 1 de agosto de 2015. Todo fue por pura casualidad. Me encantan los perros y sabía que algún día llegaría el momento de volver a tener uno. Estaba mirando la web de la protectora Modepran y allí apareció ella, con su cara de ángel y su gran sonrisa, aun estando en un momento tan malo, y claro, me enamoré de ella. Así que un par de horas después, estaba yendo a verla con un amigo.

Nunca olvidaré ese primer encuentro. Ella estaba en el chenil escondida, con otro perro de caza muy nervioso. La sacaron y nos comentaron muy poco de ella, ya que hacía un par de días que había llegado y estaba recién operada por una infección de útero. Paseamos juntas, la acaricié, le quité algunos bichitos que tenía sin agobiarla…y sin darme cuenta, estaba rellenando el formulario para su adopción.

Como perro mal catalogado como PPP (perro potencialmente peligroso), no podía venir a su nueva casa sin haber hecho ciertos papeleos y pagos, cosa que se complicó al ser agosto. Pero mientras todo se iba preparando, yo iba día todos los días a verla, paseábamos, le llevaba premios… Esto me sirvió para ver un poco su comportamiento y pude comprobar que era una perra  tranquila y sin agresividad con otros perros o gatos y muy sumisa con las personas.

Hada cuando se encontraba en Modepran junto con su compañero de chenil.
Hada cuando estaba en Modepran junto con su compañero de chenil.

De hecho, su anterior propietaria había ido a firmar la cesión, ya que no la quería porque era una perra sin agresividad, además de que después de parir había cogido una infección de útero y la perra no le servía.

Finalmente, el 8 de agosto se vino a casa en acogida mientras acababa de arreglar el papeleo, pero así Hada ya podía disfrutar de estar en un hogar. Al salir de la protectora no podíamos ni meterla en el coche, tenía esa mirada tan fría aún… El educador canino de la protectora nos ayudó con muchos consejos con ella, como que no nos tenía que intimidar ni dar pena o que aunque ella es muy buena, había que marcarle unas pautas de comportamiento.

Llegamos a casa y de bienvenida le dimos un buen baño, le quitamos todas las garrapatas que tenía y aunque no le hizo mucha gracia, se dejó hacer. La verdad es que al principio la convivencia fue difícil. No me dejaba moverme de donde estuviera, se plantaba y me daba cabezazos, se metía debajo de la mesa, de una cama, no paraba de lamentarse. Eso de los perros felices al ser adoptados, en nosotras fue todo lo contrario, durante un par de meses. La primera noche entró en mi habitación, la saqué, y al levantarme estaba en la puerta, me miró y se puso panza arriba, supe que aunque nos costara, no nos íbamos a rendir.

Sandra, compañera de vida de Hada.

Los primeros paseos era como ir en trineo, a rastras por la calle, con pánico por todo, coches, motos, gente, puertas de patio… no llegábamos a ningún lado, dábamos la vuelta a la manzana en tiempo récord, llegaba a casa y se meaba, mirándome con cara de pena. Pero poco a poco conseguimos más confianza mutua, sobre todo, gracias a tener la ayuda de mi padre, con el que se hizo inseparable, hasta sus últimos momentos.

Hago un inciso para dar las gracias al  personal del hospital Doctor Moliner, que permitieron que Hada pudiera ir a ver a mi padre en los espacios abiertos, y saber que su dueño se iba, pero no la abandonaba; Hada y mi padre se daban mucha fuerza entre ellos y el día que nos dejó, al llegar a casa, Hada estaba tristona y había vomitado; su carácter cambió durante un tiempo, pero poco a poco y con mucho cariño y algo de disciplina, ha vuelto a ser la de siempre.

Y así siguieron los días, en  casa intentaba jugar con ella, le lanzaba un trozo de pan y ella se escondía en la cocina; sacaba la escoba para barrer y huía, pero poco a poco todo eso se fue superando.

Sus primeros contactos con otros perros siempre fueron muy tranquilos, excepto con algunos machos, pero siempre iba atada y con bozal, así que igualmente no pasaba de un aviso. Cada vez que veía un cachorro por la calle, lloraba y tenía que acercarse.

El primer día de juego con otro perro, lo disfrutamos muchísimo, aunque luego estuvo varios días escondida en una habitación llorando, hasta que el veterinario me dijo: No te preocupes, solo son agujetas.

No me lo creía, ¡un perro con agujetas por pegarse unas carreras! Pues sí.

Y poco a poco fue conociendo a más perros. Con algunos simplemente se saluda , pero con otros,  ha hecho una gran manada, como las Hadas Perrunas (Greta, Laila y Senda) que el primer día la asustaron con un saludo escandaloso y ahora se vuelven locas las cuatro al verse y son grandes amigas.

Hada es muy sociable y le encanta que la acaricien y le digan cosas bonitas, aunque lo que más le gusta es que le den chuches. Aquí la vemos en El Rincón de Agata en un taller de masajes para perros impartido por Dogsanimal. Hada posó para todos los participantes y se dejó masajear por todas las manos.

También hemos descubierto que Hada es una perra “chaletera”. Le encanta el campo, allí se le olvidan todos sus miedos, aunque yo llevo mal su relación con otras especies. Aún recuerdo oír a las gallinas de escandalera, girarme y ver la cabeza al cielo con una gallina en la boca zarandeándola. Suerte que tenía muchas plumas y fue lo único que perdió. Ahora solo las asusta para que se vayan y poder dejarlas sin su comida. Le encanta salir a pasear al monte, donde se vuelve loca investigando las madrigueras de los conejos.

Con los niños que conoce también es un amor, se deja hacer de todo, y solo quiere estar cerca de ellos; con los que no conoce, simplemente, se aleja.

Y esta es la historia de Hada, una perra que  pasó tres años de su vida sin ser nada, solo una producción de cachorros, a ser mi compañera de vida, la que ocupa todo el sofá, a tener una familia que la adora y la mima porque se lo merece, una manada de paseos con los que relacionarse y jugar, sin olvidar a sus dueños, que va directa a saludar.

Le encanta que le digan cosas, disfrutar de sus momentos en el campo, entretenerse en casa con un plumero… Aún nos quedan algunos miedos por superar, pero también forman parte de su carácter, y la queremos tal como es, mientras sea feliz.

Sandra Rebolledo

Compañera de vida de Hada