Hola chic@s,

Como ya sabéis, siempre he intentado ayudar a todas las especies de animales necesitadas, hayan sido conejos, cobayas, etc,  aunque la mayoría de casos que han llegado a casa, han sido perros y gatos.  Esta vez quiero hablaros sobre las aves, sí, esos seres alados que surcan nuestros cielos a diario casi sin darnos cuenta.

Bueno, pues tengo que deciros que  ellos también nos enseñan muchas cosas. Parecen sólo seres ornamentales que cantan y poco más,  y que no muestran aprecio hacia las demás especies como pueden ser los humanos, pero no es así.

fenix y gandlaf

El compañero felino de Mónica, Gandalf, compartiendo una siesta con Fénix ya libre, y Ébano siendo tan sólo un pichón en la jaula de al lado recuperándose y habituándose al exterior

 

Mi historia con los seres alados comenzó hace casi un año cuando mi abuela estaba ingresada, muy enferma, en un hospital de larga estancia situado en medio del monte. Allí hay muchas aves en libertad, que algunos enfermos y familiares alimentan a diario desde los balcones de sus habitaciones. Creo que para aquellas personas, poder hacer eso con las aves es como un símbolo de libertad, que a ellos, por desgracia, les  ha sido arrebatada por la enfermedad.

Todo empezó meses antes de fallecer mi abuela, una noche  fría, cuando me encontraba en el aparcamiento de dicho hospital para visitarla. Mientras hablaba por teléfono, distinguí algo en el suelo que me llamó la atención. Mientras terminaba la conversación, me acerqué a ver qué era esa figurita allí congelada, ya que no podía subir a la habitación sin saber realmente lo que era aquello.

Pude comprobar que era un palomo precioso, que no se movía y estaba helado, y no pude dejarlo allí con el frio que hacía y a merced de cualquier depredador. Sentí tirsteza porque lo vi en mal estado y seguramente moriría en poco tiempo, así que lo metí en el coche calentito mientras visitaba a mi yaya. Cuando terminé, me fui a casa y él se vino conmigo porque pensé que si tenía que morir, que no lo hiciera solo y en aquel estado.

Mi sorpresa fue que cuando pasaron 24 horas, empezó abriendo los ojos y a reaccionar cuando yo me acerbaba a verlo a su cajita rodeado con su manta, así que empecé a alimentarlo con papilla y a hidratarlo. Sorprendentemente,  pasadas  48 horas, estaba aquel Señor Palomo como una rosa de sano y activo. Mi padre, que afortunadamente me apoya en esta labor que hago con los animales, al igual que el resto de mi familia, me hizo el gran favor de liberarlo muy temprano en ese mismo hospital y grabarme su gran vuelo. Nada más soltarlo, saludó a sus compañeros y voló alto hasta la azotea del hospial. Lo que sentí no puedo explicarlo, era todo nuevo para mí, sobre todo, con estos  seres, sumámdole la sopresa de que aquel ave se recuperó estando casi muerto.

Después de aquello, han aparecido casos de aves en mi vida de una forma u otra. La mayoría enfermos y en mal estado, aunque afortunadamente, la mayoría se han recuperado y he  podido devolverles la libertad que ellos necesitan.

Dos de esas aves son tórtolas, Nazgul y Fígaro, que han quedado con secuelas y no pueden vivir libres, ya que no sobrevivirían. Ellas dos viven en una pajarera grande en casa con todo lo que necesitan y muchos días salen a pasear libres por mi terraza, aunque no pueden volar, ya que tuvieron que amputarles una de sus alas.  Pero en los momentos en que los suelto por mi terraza,  sé que ellos se sienten libres y felices con  su nueva vida.

En casa viven también dos palomos totalmente libres, Ébano y Fénix. Una vez  recuperados  y liberados, decidieron quedarse a vivir en casa. Les hicimos un refugio para que coman y duerman en él y todos los días me regalan vuelos mientras que ellos juegan allá arriba.

ebano y fenix

Fénix y Ébano en su refugio exterior

Es espectacular observarles, lo que transmiten en sus vuelos y lo que te enseñan conviviendo contigo tal y como ellos son.  Es más, ellos conviven perfectamente en libertad y armonía con mis demás compañeros animales.

Además de enseñarme,  ellos me hacen sentir muy cerca de mi yaya fallecida y mantener ese vínculo que teníamos las dos sobre los animales y, en especial, con las aves, que a ella le encantaban.

Quiero decieros  que aunque veáis a un animal en muy mal estado y os dé la impresión de que se va a morir, nunca os rindáis, son alucinantes y ellos nunca se rinden.  También deciros que todas las aves son preciosas, pero ellos nos enseñan y transmiten más siendo libres que estando en una jaula de por vida.  Hay especies que por nacer en cautividad no pueden ser libres porque morirían pero  si os encontráis aves que han nacido y vivido en libertad, por favor, ayudadles si lo necesitan y después liberadles en su entorno.

El secreto  es, simplemente, ponerse siempre en la piel de cada animal….

Toda vida, por muy pequeña que sea, se merece respeto y una oportunidad.

Mónica Molina Cano

Desván Natura