A estas alturas, creo que la mayoría de vosotros ya sabéis qué supone el abandono para cualquier especie animal. Aun así, os voy a contar la historia de una diminuta guerrera que, además de sufrir el abandono, estoy segura de que sufrió la explotación de los odiosos criaderos ilegales durante años.

Esta gran luchadora peluda se llama Lili. No os dejéis engañar por su diminuto tamaño, sus escasos 2 kg de peso y sus tantos años de experiencia por estos lares. Lili es un ser enorme por dentro, que nos ha dado grandes lecciones de supervivencia y superación.

El pasado abril, dieron un aviso urgente a la asociación La Perrita Valiente  de una perrita en muy mal estado, sangrando y sin moverse en un lugar apartado. Esa perrita era Lili.

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En este lamentable estado se encontró el equipo de La Perrita Valiente a Lili.

El equipo de La Perrita Valiente no dudó ni un segundo en acudir en su ayuda. Cuando llegaron, se dieron cuenta de que ese ser tan indefenso se estaba claramente dejando morir. Lili ya no quería seguir en este mundo, estaba sufriendo debido a su mal estado físico y emocional, y había perdido toda esperanza.

Lili llegó a mi casa después de dos días hospitalizada, pendiente de una larga recuperación y de dos importantes cirugías para lograr salir adelante. Esas cirugías eran muy arriesgadas para su salud, pero teníamos  que tomar la decisión de rendirnos o luchar con ella.

Por supuesto, después de muchas pruebas, de meditarlo mucho y ver las ganas de vivir que tenía ella, decidimos luchar con ella y acompañarla en la lucha por su vida.Las primeras semanas no quería separarse de mí, tenía la inseguridad de otro posible abandono, sentía dolor físico y miedo por no saber qué iba a ser de ella.

Cada vez que la miraba me hacía sentir dolor en el corazón, me daba miedo acariciarla por su aspecto frágil y delicado. A pesar de llevar tantos años en este mundillo de ayuda animal, todavía no tengo la fuerza suficiente para canalizar estos casos. No logro comprender cómo el humano puede hacer cosas así con ellos y poder seguir durmiendo plácidamente todas las noches.

Lili empezó a recuperarse y a tener ilusión por vivir, recuperó la confianza en el humano, al menos en unos pocos que velaban por ella, y en el amor hacia los demás. En cuestión de pocos días estaba en casa como si hubiera estado toda la vida y apreciaba a todos mis compis animales que, por supuesto, cada uno tiene también su historia. Ella estaba empezando su nueva vida, estaba empezando a ser feliz y me hacía sentir más fuerte y segura en la lucha que habíamos aceptado vivir las dos juntas.

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Ya han pasado dos meses desde empezamos nuestra gran lucha juntas, ya está recuperada y muy feliz.

Es fuerte, simpática, cariñosa y vivaracha, llena mi hogar de alegria y todas las noches al llegar a casa te hace sentir que toda lucha vale la pena por muy dura y dolorosa que sea.

Me he dado cuenta de que este diminuto ser me ha enseñado tanto y me ha hecho sentir tanto amor que he decidido que tenemos que vivir juntas los años que le queden de vida.

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Lili y Mónica se han convertido en inseparables compañeras de vida.

Me acompaña junto a los demás en todo lo que hago, mis decisiones, mis proyectos etc…

Mis momentos preferidos  son en el sofá con un buen libro, mi compis peludos y acompañada de mi gran amiga guerrera que tanto nos empuja a seguir cada día con nuestras vidas.

Doy las gracias y todo mi apoyo a mis amigas de la asociación La Perrita Valiente que lucharon por Lili en su momento  y por todos los que luchan a diario.

Creédme: ¡Vale la pena luchar siempre junto con ellos!

Mónica Molina Cano

Desván Natura