Desde pequeña, en casa siempre hemos tenido animales de todas clases, desde hámsters, periquitos, tortugas, gatos, perros e incluso ¡hasta un pato!! Mi madre nos educó para amar y respetar a los animales, cosa que agradezco enormemente y que hago y haré yo con mi hijo.

Mi familia está compuesta por mi pareja (Pepe), nuestro hijo que ahora mismo tiene 16 meses (Jorge) y un perro de 4 años y 30 kg, al que llamamos Yogi.

Yogi vive con nosotros desde hace 3 años, aproximadamente, y desde el principio hubo una química especial que crecía cada día más en cariño, amor y confianza. Un sentimiento que se notaba que era mutuo.

Mi pareja y yo siempre hemos pensado que Yogi sería un “compañero de viaje” perfecto para nuestro hijo y, sin duda, dimos en lo cierto. Del tiempo que estuve embarazada no puedo mencionar nada muy significativo, pero ha habido una situación que siempre permanecerá en mi memoria y que recuerdo con mucho cariño, sentimiento y agradecimiento hacia Yogi.

IMG-20160609-WA0002

Jorge y Yogi se han convertido en grandes compañeros de vida. Juntos juegan y aprenden a amarse y respetarse.

Fue el día que volvimos a casa del hospital con Jorge. Yogi estuvo en casa los tres días del alumbramiento (mi madre nos hizo el favor de quedarse con él) y aunque Pepe me decía que estaba muy contento cuando venía a casa a pasearlo, otra cosa sería el momento de presentarle a Jorge.

Y lo que pasó cuando entramos por la puerta, nos dejó a todos sin palabras. Yogi, en vez de saltar encima de mí (como siempre hacía), vino agazapado, moviendo la cola sin parar pero con mucha sutileza y buscándome entre la gente. Al verme, se quedó a mi lado, comiéndome a besos y dándome todo el amor y cariño que tenía y podía. Él sabía que yo no estaba bien, pues me hicieron la cesárea, y era su modo de decirme que él lo sabía y que estuviera tranquila. Un torrente de lágrimas cayeron por mi mejilla.

Siempre hemos sabido que es un perro especial y ese acto confirmó que no teníamos nada que temer porque él cuidaría de Jorge tanto como lo hizo conmigo. Y así ha sido, porque cuando Jorge lloraba, Yogi lloraba con él, se ponía nervioso y nos miraba como diciendo: “¡¡El bebé quiere algo!! ¡Mira a ver qué le pasa!”.

Lo convivencia entre Jorge y Yogi es muy buena, ambos se buscan para jugar y cuando lo hacen, se nota que están a gusto y felices. Jorge se parte de risa y Yogi no para de mover la cola y lo incita con complicidad.

IMG-20160609-WA0003

Aunque esta foto no tiene mucha calidad, la publicamos porque habla por sí sola de la gran complicidad que hay entre Jorge y Yogi.

Aunque hemos tenido que extremar algo más la limpieza por los pelos de Yogi (sobre todo cuando Jorge empezó a gatear) y también acostumbrar a Yogi a no darle besos a Jorge en la cara, creo que es un acierto que se críen juntos. Y sin duda, Jorge sale ganando en esta amistad, pues le enseñamos a no molestar a Yogi cuando quiere estar tranquilo, a respetar su espacio, a compartir, a quererlo y acariciarlo… se nota que Jorge no le tiene miedo pero sí respeto, cosa necesaria para una buena convivencia.

Para nosotros es importante que Jorge crezca respetando y amando a los animales ¡¡y qué profesor mejor que Yogi para enseñarle esta asignatura tan bonita!!

Katy Valls

Mamá y compañera de vida de Yogi