Cuando los focos de los medios de comunicación y las redes sociales se posan en un animal, en especial un animal que tiene tras de sí una historia de maltrato y crueldad, se activa en el cerebro de algunos   espectadores y usuarios la más grande de las empatías. Lo malo es que en muchos casos, se pierde la perspectiva e incluso, a veces, el norte por la voluntad de ayudar.

Hace ya varios años que en nuestras pantallas, grandes y pequeñas, aparecen de manera periódica casos de animales que buscan hogar y cuya vida ha estado marcada por el maltrato. Este hecho  es capaz de conmover a todos aquellos que tienen el corazón en el sitio correcto. Las claves para llegar a ese órgano tan importante y dinamizador de almas serían: un poco de empatía hacia otro ser vivo, lo inaceptable que nos resulta a muchos que se haga sufrir a un inocente, y nuestra voluntad de ayudar de manera inminente a esa criatura maravillosa y así librarla de otros peligros que puedan acecharla en un futuro. Este cóctel (agitado convenientemente por algunos) hace que nos lancemos al teléfono, al mail o a cualquier otro medio de contacto, señales de humo incluidas, para ser su familia.

La acción compulsiva es compartida por tantas personas  que en algunos casos hay lista de espera para adoptar al animal en cuestión. La duda que se nos plantea es, ¿todos los que no han tenido la fortuna de ser la familia elegida irán a algún refugio o perrera a buscar a otro animal que lo necesite o  su empatía y buen propósito se acaba al apagar la pantalla?

Es normal que animales golpeados, maltratados, quemados, o que han sufrido algún tipo de agresión física o psicológica llamen la atención de los espectadores, y es entendible que muchos sientan la necesidad de ayudar a estos animales, pero tras cada llamada que no llega a ser la elegida, por desgracia, no sale la adopción de otro animal cuya necesidad de una familia es la misma. Porque si así fuera y teniendo en cuenta el número de espectadores de algunos programas , el número de adopciones, que es cierto va en aumento, ascendería mucho más rápido.

Deben de ser miles los que responden al llamamiento de programas de televisión, de redes sociales y otros medios de comunicación para adoptar al animal estrella de ese día, ese que me ha conmovido, ese que me mira detrás de la pantalla de la televisión o el ordenador, ese que me enseñan, ese que me cuentan su triste historia, ese que me hace pensar en la maldad del ser humano y que yo quiero compensar desde mi casa.

maltrato animal

Sultán se encuentra en Ribercan y busca casa de acogida o adopción urgente.

Se cuentan por miles los  animales abandonados en este país, gatos y perros principalmente, que esperan su oportunidad encerrados en  jaulas

Día tras día, semana tras semana. Esperan y esperan, su mirada no se cruza con la tuya, sus ladridos buscando tu atención no entran en tus oídos, sus ronroneos no hacen vibrar  las yemas de tus dedos. En resumen, no los sientes porque no los llevamos al sofá de tu salón, a tu mesa de trabajo o la pantalla de tu móvil. Pero ellos también existen, en el mundo  real, no en el virtual, existen y sufren. Pasan frío, calor, soledad, en algunos casos hambre. Para los afortunados pasa la vida, para los que no lo son solo pasan unos 20 días.

Pensamos que la intención de los programas que sacan este tipo de casos y de las difusiones que aparecen en redes sociales no es solo encontrar un hogar a ese animal, sino concienciar sobre el maltrato y el abandono, pero dudamos de si la contribución realmente obtiene resultados. Mostrar durante unos minutos un animal herido no soluciona el problema ni crea conciencia y en algunos casos  creemos que solo  ofrece un producto más a la obra  “buenas intenciones para hoy”.

Sabemos que para ese animal supone una gran oportunidad de encontrar un hogar pero tenemos la impresión de que puede suponer para muchos caer aún más en el olvido. Todos conocemos la frase “lo que no aparece en los medios no existe”, y lo que no existe no se busca, y mucho menos, se encuentra.

Sentados en el sofá, sin esfuerzo, nos apiadamos de un ser indefenso que sufre. Una vez ese ser desaparece de nuestra vista pasamos al siguiente bloque del programa o al fake recurrente de alguna red social. Somos vagos y más para ver sufrimiento ajeno, pero si no somos capaces de hacer el esfuerzo de ponernos en el lugar del otro, aunque este otro sea un animal, no emprenderemos el camino de ser parte de la solución.

Confiemos en que nuestra heroína Empatía venza sobre la villana Pereza y guíe a nuestros pies y a nuestro humano -en el mejor sentido de la palabra- corazón al lugar donde están encerrados los animales abandonados, porque sea refugio o perrera sigue teniendo rejas.

*La fotografía de cabecera es del programa El Hormiguero y pertenece a http://www.antena3.com/.