Hace unas semanas imaginaba como sería mi vida sin mis animales y hoy me pregunto cómo sería su vida sin mí. Cómo será la vida futura de todos aquellos cuyo referente desaparece. Porque cuando fallece el responsable de un animal, en la mayoría de los casos, con mucha suerte, acaba en una protectora viviendo ya para siempre en una jaula.

Linda tiene 9 años y su dueño ha fallecido. Su compañero desde que ella tenía 6 meses no está, ya no entra por la puerta como cada día al volver de la calle, ni la saca a pasear al levantarse. Hace unos días que sólo viene a verla el joven que vivía antes en casa, pero sólo viene una vez al día, y siempre solo. Ella espera que vuelva su amigo para poder salir a caminar ese ratito al sol que tanto echa de menos. Linda no sabe que no volverán a pasear juntos y tampoco sabe, bendita ignorancia, que la familia del que fue su referente humano tiene un futuro corto pero cierto para ella.

Linda es mayor y alguna tecla tiene. Esta mañana han venido a por ella y ha sido paseada por tres clínicas para ver si algún veterinario puede ayudarle a pasar al lado de la vida donde está ya su amigo. Ella no entiende lo que pasa, pero sabe que algo no anda bien. En la última clínica que acuden les dicen, como en las otras, que eso no puede hacerse. Por ahora esquiva al destino, pero quizás alguno de estos días tope con la manzana podrida de la profesión, cumpla la miserable petición y Linda acabe su vida en una mesa fría y sola, así sin paliativos ni lágrimas. Porque ni siquiera serán capaces de despedirse de ella. Nadie se despide de un estorbo por mucho cariño y compañía que haya dado a un ser querido.

Linda es un nombre ficticio, elegido al azar, pero que como dicen en las tv movies, está basado en hechos reales. De hecho, son muchas las Lindas que cada año mueren o son abandonadas a su suerte en España porque los familiares de los dueños fallecidos no se quieren hacer cargo de ellos. Algunos tienen suerte y acaban en refugios o protectoras. Afortunados por seguir vivos pero desorientados y tristes por no encontrar a quien fue su referencia en la vida y esperando cada día su vuelta. La tristeza se agranda más, si cabe,  cuando los animales son mayores y con pocas posibilidades de ser adoptados, acabando sus días en una jaula.

derechos animales

La vida de un perro es incierta cuando fallece su responsable.

No nos llama la atención, pero nos contrae el estómago y nos nubla la razón, por lo menos a mí y a mis neuronas, que los herederos suelan pelearse por lo material, por aquello que no se llevarán al morir y a lo quizá su padre o madre no tenía tanto apego, pero se deshagan de manera tan cruel del que posiblemente haya sido el mejor compañero de su familiar en los últimos años de su vida, y en cuyo cuerpo vive todo el amor que fue capaz de darle ese humano y concentra toda la felicidad que compartieron.

Cuando vivimos solos o no tenemos hijos nos planteamos qué será de nuestros compañeros si faltamos, porque quizá nadie se haga responsable de ellos. Por ello, cada vez más personas, tengan hijos, familia o no, dejan por escrito su voluntad con respecto al destino de sus animales. Entienden que su responsabilidad debe ir más allá, puesto que un día asumieron el compromiso de cuidar a otro ser vivo y una mala jugada de la vida y una familia sin escrúpulos no puede hacer que esa promesa se rompa. Es evidente que no todo el mundo podrá o sabrá hacerlo, pero desde aquí animamos a informarse sobre cómo podemos garantizar el futuro de nuestros compañeros hasta el fin de sus días. Es importante  dejar claro ese futuro y dejarlo en manos de alguien que haga que se cumplan nuestros deseos. Seguro que las opciones son muchas, sólo hay que buscarlas.

No nos pongamos tristes. Bueno, lo justo para que sirva de acicate para buscar una solución digna para los que son nuestros compañeros. No tenemos prisa por marchar, pero si eso ocurre, debemos garantizar el bienestar de los que un día compartieron nuestras alegrías y nuestras penas y  que no deben quedar indefensos.

Mientras tanto, corramos, juguemos, saltemos, hagamos camino con ellos, disfrutemos de la vida y de su compañía, que eso y no otra cosa será lo que nos llevemos al partir hacia el infinito.