Ayer aprendí una nueva lección gracias a mi gran maestra Laila y a Mayo,  la educadora canina de la Escuela Caniland. Desde que Laila vive conmigo, hace casi cuatro años, no he conseguido que tenga una buena respuesta a mi llamada. Este hecho había empeorado en los últimos meses, hecho que me causaba gran angustia porque cuando salíamos a pasear, al llamarla para ponerle la correa y volver a casa, Laila no se dejaba coger, con lo que en muchas ocasiones, ella volvía a casa suelta. Laila no se separa de mí, siempre me sigue, pero no dejaba que la atara, con el peligro que supone que la perra fuese suelta por la calle.

Como os comenté, la semana pasada, las hadas volvieron al cole para seguir aprendiendo. Este era uno de los principales problemas a resolver en el cole. Ayer, al llegar  a la Escuela, le comenté a Mayo que debíamos practicar la llamada porque el hecho de no poder atar a Laila para volver a casa, me estaba angustiando mucho.

Mayo me explicó un nuevo ejercicio para atraer la atención de Laila y que ella siempre decida venir a mí cuando yo la llame. Básicamente, el método consiste en llamarla con cariño y alegría, en vez de gritando. Básicamente, consiste en que Laila encuentre que venir a mí siempre es motivo de alegría, de premios, de caricias, de amor. Estuvimos practicando y Laila respondió positivamente el 100% de las veces, e incluso cuando llevaba una piña en la boca, su mayor estímulo, lo soltaba para venir a mí.

©Paula G. Furió_ Jose Falcó_-20

Esta mañana ha llegado el momento de la verdad. A solas en la calle, debía probar si seguía funcionando y  ha sido cuando he aprendido la gran lección. Laila ha venido a mí el 100% de las veces que la he llamado, incluso cuando yo llevaba las correas en la mano. De hecho, esta mañana, Laila ha vuelto atada a casa y yo, tranquila y agradecida.

Sé que no debo cantar victoria y que debo seguir trabajando, pero ahora también sé que todo va a ir bien porque Laila, lo único que me pedía era que no le gritase, que la llamase con cariño y que no la llame sólo para ir a casa sino también para darle caricias, mimos y juego. A veces, el ego humano no nos permite darnos cuenta de lo que nuestros compañeros peludos nos están diciendo. Por eso, es tan importante la humildad  a la hora de educar a nuestros perros. Y por eso, es muy importante ir a una escuela en la que primero nos eduquen a nosotros.

Ayer, Mayo, con tan sólo una mirada, pudo entender lo que Laila nos pedía, me lo enseñó y Laila ha respondido como siempre nos responden los animales, dándonos todo su amor.