Artículo dedicado a Cilo, un perro que ya no está entre nosotros y que fue víctima del abandono. 

Tratar de explicar los beneficios de la esterilización es complicado, sobre todo cuando hemos humanizado a los animales que viven con nosotros y cuando muchos proyectamos nuestras expectativas en ellos.

Apelamos a la naturaleza para no esterilizarlos pero les damos de comer pienso, duermen en una cama, los paseamos con correa, les ponemos abrigos…, y  todo esto, muy  natural no es.

No quiero fijarme en  estudios veterinarios realizados en un sentido u otro,  ya que ambos tendrán sus defensores y detractores. Sólo intentaré dar la visión de una voluntaria de protectora que ha visto a cientos de animales llegar a un refugio, vivir meses, incluso años, y morir en una jaula sólo por el hecho de no ser un cachorro adorable.

La mayoría (cada vez menos, afortunadamente) de personas que se acercan a un refugio, a los que se agradece el simple hecho de hacerlo y querer conocer parte de la realidad de este  país, piden un tipo de perro: cachorro y/o  de raza pequeña. Las excusas son varias, desde que viven  en un piso pequeño a que así se acostumbra a nosotros desde pequeños. No se dan cuenta  de que  no hay edad para acostumbrase a las caricias y a los juegos.

Al principio,  te alegras porque ves que se interesan por un animal abandonado, pero esa alegría se convierte a veces  en frustración cuando compruebas que si no encuentran un animal de las características exactas que desean,  muchos se van, y  tú te quedas allí rodeada de más de 300 animales que ladran y ladran, para  reclamar atención como si supieran que se escapa su última oportunidad.

brown

Brown, un perrete que está en la Svpap esperando un hogar. Los cachorros de la foto de cabecera estaban en la Svpap pero fueron adoptados.

(Si quieres adoptar a Brown, contacta con la Svpap.)

Van llegando camadas, todas indeseadas, puesto que las abandonan. En su mayoría son adoptados en días o semanas. Sin embargo, ese perrete divertido, un poco trasto al que ya has cogido cariño -cómo no hacerlo con ese pelo  indomable y esas patitas cortas- sigue allí  una semana tras otra porque para gran parte de las personas es mayor. ¿Con cuatro años mayor? Y entonces te entran ganas de decirle al próximo que te pregunte por un cachorro: ¡lástima, el señor de azul se ha llevado el último!

En realidad, te entran ganas de decirle otras cosas  porque sabes que dentro de un año será más mayor y luego más mayor. Con los años que van pasando, se alejan sus posibilidades  de salir del refugio, y su mirada se va  apagando al igual que su ladrido. Y llegará el día  que cuando vengan  los adoptantes, se quedará resignado en su palé sabiendo que serán otros los que conseguirán dormir esa noche en una cama.

Un estudio  realizado en 2015 para el Ministerio de Agricultura hace constar que en España hay registrados (sin contar 6 autonomías que no proporcionaron datos) 7.430.000 perros. Vamos a jugar a imaginar sobre estos datos y pensando que hay un perro por familia.

Imaginemos por un momento que todos esterilizáramos a nuestros animales. Sí, es mucho esfuerzo, pero venga, pongámonos a ello. Ya puestos, pensemos que el  70%, unos 5.201.000 de los hogares  que tienen actualmente perros, opten por la adopción tras perder  a su animal. El 30% restante  correspondería a personas que no desean tener más animales por el sufrimiento que acarrea la pérdida y a la gente que los compra. Tampoco cuento los nuevos hogares que puedan incorporar un animal a la familia.

Este 70% haría que en unos años, pongamos diez, que es la media de vida de un perro, 5.201.000 perros podrían encontrar  un nuevo hogar. Haciendo una división muy subjetiva y simple, un total de 520.100 al año volverían a disfrutar de juegos, caricias y  una mirada amiga. Si la cifra de abandono llega  a 160.000 registrados al año, llegamos a la conclusión de que nos faltan perros para adoptar, ¿cómo puede ser que hayamos solucionado el problema tan pronto?

Pues porque los datos de registro e identificación no corresponden con la cifra real; hasta hay autonomías que no proporcionan datos y miles de animales están sin identificar. Y sobre todo porque la esterilización por norma, no ya por obligación, sino de manera voluntaria por responsabilidad, es una utopía hoy por hoy.

Lo anteriormente citado son datos, números que reflejan que estamos lejos de ser un ejemplo  de responsabilidad para aquellos cuyo cuidado asumimos voluntariamente. Pero detrás cada número, de cada frío dato, hay un ser vivo que reclama justicia, que reclama no ser castigado por crecer, que pide como sólo sabe hacerlo, ladrando, que lo aceptes como es, que lo mires y como decía Benedetti, que te mires al mirarlo y creas como cree él, que eres capaz de ser mejor persona de lo que a veces piensas.

Nadie nace enseñado, pero todos somos capaces de aprender. Debemos ser conscientes de que esterilizar puede beneficiar a nuestros animales en la prevención de algunas enfermedades pero lo seguro es que favorece de manera directa a los miles de animales adultos que esperan un hogar.

Pero  mientras esto llega, para muchos, entre rejas, pasa la vida. No permitamos que se resignen, que  se abandonen como un día alguien los abandonó, y empecemos a ser las personas que ellos creen que somos.