A veces los humanos creemos que nuestra  vida es inmutable y segura. Luego el tiempo se encarga de hacernos aterrizar en la realidad;  esa realidad donde  cosas que nunca pensábamos que nos ocurrirían, va y suceden, y nos pillan con el paso  cambiado.

Hace cerca de un mes nos llegó a la asociación Proyecto Animalista Manises un aviso urgente. En una urbanización, como otras tantas, donde los perros pasan horas y horas con la única compañía de su instinto, se iba a producir un desahucio  y había un perro dentro de la vivienda. Fuimos a comprobar si era cierto y  deseando durante todo el trayecto que sólo fuera un malentendido, una equivocación, una broma pesada.

Una vez llegamos,  miramos a través de  las rejas y, por primera vez, vimos a Nanuk. Podría escribir “vimos un perro”, pero no, quiero nombrarlo para hacerlo visible, para acercarlo a nosotros, para que no sea ajeno; porque  nombrar  las cosas las hace cercanas, ya sea un perro, un niño, un gato, un anciano…, todos se nos muestran indeterminados, lejanos, sin nombre ni rostro y se nos hace más cómodo olvidarlos, dejarlos en ese rincón del cerebro donde no molestan, aunque de vez en cuando salgan a la superficie y nos enseñen lo pequeños que somos.

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Nanuk llevaba días sin comer. Habíamos llevado agua y comida, así que a través del muro se las fuimos dando. Nanuk no  se erizó, no ladró en ningún momento, no nos sintió extrañas. Aceptó nuestra ayuda como hubiese aceptado, si no hubiésemos aparecido, que sus dueños  lo llevaran a dormir. No hubiese protestado. Es confiado hasta para entregar su vida.

Dormir es el eufemismo que utilizo por no usar la palabra sacrificar. Me sirve de escudo, me parapeto en ella para no  romper a llorar cuando pienso en Nanuk. Porque mi mente se va hacia todos los Nanuks que han sido dormidos por culpa de esta crisis que ha golpeado  a los más débiles de forma feroz.

El periplo que hicimos para encontrar a sus responsables  fue un trabajo detectivesco  pero  necesario al topar  con la dejadez o la ignorancia del ser humano.  Esto es algo tan común como incomprensible; la gente  cambia de teléfono o domicilio y no se preocupa de comunicarlo a la entidad correspondiente, en este caso al RIVIA (Registro Informático Valenciano de Identificación Animal). Esta dejadez  provoca  que muchos perros perdidos no encuentren nunca a sus dueños o tarden mucho en hacerlo, con lo  que  sufren ambos, humano y animal, por algo que tiene una solución casi tan  sencilla como ponerse el abrigo al salir de casa.

Pero  no todo está perdido. Cuando la desidia descansa,  la solidaridad aprovecha y sale a hurtadillas para acariciarnos el alma. Aparece la ayuda de aquellos que trabajan para hacer la vida más fácil, no solo la de los animales, sino también la de las personas. Y Nanuk viajó a Xàtiva a compartir casa con Lidia y sus gatos. Lidia tuvo que hacer una combinación estratégica de espacios y animales para que Nanuk no acabara su vida en un refugio y, a la vez,  conseguir que sus gatos sufrieran lo menos posible. Tras días intranquilos, durmiendo poco todos, de Xàtiva viajó a La Pobla de Vallbona, donde Silvia, sus hijos y sus animales  le ofrecieron su hogar durante unos días. Estos dos SERES HUMANOS  crearon una cadena de favores para que un animal  desahuciado de su casa no lo fuera también  del amor y el cariño de las personas.

Nanuk es una víctima más de los desahucios, es uno de tantos olvidados  en estos casos. Es  víctima de la locura en que los humanos hemos convertido nuestra vida y de la extendida  creencia de que tener es ser.

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Nanuk es bueno,  sociable y cariñoso, pero también, mayor y grande. Tiene lo mejor y lo peor que puede tener un perro que busca adopción. Nanuk tiene 11 años y 35 kilos de peso, aproximadamente, es tan grande como entrañable y  tan tranquilo como los libros que esperan ser leídos.

El viaje de Nanuk no ha terminado, ahora ha llegado a Buñol, donde lo cuidan pero no es su familia definitiva. Queremos ponerle un final estupendo a su viaje, encontrar su última estación, una familia dispuesta a ofrecer lo mejor de sí mismos  a un animal que solo da amor.

Si no te importa la edad, ni el tamaño, si quieres ser el destinatario de cientos de mimos y estás dispuesto a ser quien reciba los de Nanuk, no lo dudes, aquí te esperamos.

Para adoptar a Nanuk, puedes enviar un mail a proyectoanimalmanises@gmail.com

Carmen Navarré

Ladrando a la luna