Hace unas semanas tuve mi primera experiencia como casa de acogida gracias a Refugiocan. Acogí en mi casa a una cachorrita de dos meses, Mafi, y a su mamá, Lisi, una perrita de alrededor de un año y medio. Ambas fueron encontradas tiradas en el campo. Mafi tuvo la suerte de ser adoptada por una gran familia en sólo dos días. Lisi convivió con nosotras una semana y después fue adoptada por una familia maravillosa que la trata con el amor y el respeto que ella merece.

En tan solo la semana que Lisi convivió con nosotras, me hizo un gran regalo, ya que no sólo me enseñó el poder del amor sino que también pude comprobar el gran corazón de las hadas perrunas y cómo las tres aceptaron a las nuevas perritas en casa sin ningún problema. Lisi llegó a casa con miedo a las personas. Sin embargo, comencé a acariciarla y en  dos días ya confiaba en mí y me buscaba para que la cogiese en brazos y  la acariciase.

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Las hadas perrunas y Lisi haciendo una siesta en casa, tan a gusto.

Lisi tuvo suerte y Susana y su familia la adoptaron, y sé que la tratan con mucho amor, pero durante la semana que estuvo en casa, mientras Refugiocan y yo le buscábamos un hogar, muchas de las personas interesadas en adoptar un perro, no querían a Lisi por tener más de un año, ya que preferían a un cachorro, aunque los beneficios de adoptar a un perro adulto son muchos.

Lisi, en una semana, aprendió a  no tirar de la correa, hacía sus necesidades en la calle, esperaba su comida sentada, no mordía ni rompía nada y hacía todo lo que se le pedía. Esto, sin contar el amor que me daba a cada minuto, siguiéndome a todas partes y buscando caricias.

Adoptar un perro adulto o incluso, un perro senior, como nos explica la Fundación Affinity, nos ofrece muchas ventajas. “Es un perro extremadamente agradecido y está preparado para reconocer lo que has hecho por él ofreciéndote su amor incondicional. El haber vivido anteriormente con otras familias no influirá en el vínculo afectivo que establecerá con sus nuevos dueños”, nos comentan desde la Fundación.

No conozco la vida anterior de Lisi, pero en el tiempo que convivió con nosotras me hizo el mejor regalo que nadie puede hacer: me dio su amor y confianza. También hizo que me enamorase todavía más de mis perritas, por su comportamiento ejemplar. Y hoy en día, cuando su nueva familia publica sus fotos en Facebook, me siento feliz y me recuerda que el amor lo puede todo.