Ayer fue el cumpleaños del Hada Greta. Cumplió cuatro años. Cuatro años de amor, lealtad y aprendizaje. Cuando Greta llegó a casa, un 4 de enero de 2012, la llevamos a nuestra veterinaria, Màbel,  de la Clínica Pichera de Borbotó, para comprobar que su estado de salud era bueno. Màbel, nada más verla, nos dijo: “Es una perrita muy buena. Tiene muy buen fondo. Os va a enseñar muchas cosas”.

Y yo pensé: “¿Qué podrá enseñarnos un perro?”  En aquella época, yo no sabía nada de perros. Siempre me habían encantado los animales, desde pequeña, sobre todo, los perros. Pero nunca había tenido un perro y no sabía absolutamente nada acerca de ellos. En aquel momento, tampoco sabía lo certeras que eran las palabras de Màbel y cómo la convivencia con Greta me iba a cambiar tanto la vida.

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Greta me ha enseñado todo lo que sé de perros porque gracias a ella empecé a leer, a informarme, a intentar entender a mi perrita, a saber cómo tenía que comportarme yo con ella, a educarla… He aprendido tantas cosas, que no se pueden contar en solo post. Pero me gustaría destacar que lo primero que se aprende cuando tienes perro es a ser humilde. Porque se necesita humildad para entender que los perros son seres vivos iguales a nosotros, que son sabios, que nos ayudan cada día, que están aquí para recordarnos que nos estamos alejando de la naturaleza, de lo que realmente somos.

Y después, muchas cosas más. Greta me enseña cosas cada día, como por ejemplo, a adaptarme y ser feliz con cada momento de mi vida, a disfrutar de la vida como hace ella, a ser feliz pase lo que pase. Greta es una maestra, es una compañera de vida leal y bonachona que nunca defrauda. Greta es calma. Greta es vida.

Desde estas líneas quiero dar las gracias a mi Hada Greta por todo lo que me da cada día. Por cada momento en el que me demuestra, sin palabras, que la vida con ella es mejor, que nosotras cuatro somos una familia y que mientras ellas estén conmigo, la soledad no existe.

La vida es bella… siempre con ellas.

¡Gracias, Greta!