Todos los días la misma historia. Me toca discutir con alguien que no entiende que su decisión de no recoger las mierdas de su perro no sólo le califica como persona…. sino que nos afecta a todos los que tenemos perros.
Educar a nuestros perros es una obligación que todos deberíamos tener.

Pero, para ello, deberíamos empezar por educarnos a nosotros mismos!!! Fuera de nuestras fronteras, en muchos países, la convivencia no plantea tantos problemas. Los perros pueden viajar en transportes públicos, entrar en tiendas y restaurantes, pasear sin problemas por aceras y parques , disfrutar de amplias y acondicionadas zonas caninas (no como la gran mayoría de nuestros maravillosos pipican…) donde pueden realizar interacciones sociales y juegos solitarios o grupales, actividades deportivas… y, sobre todo, satisfacer sus “auténticas” necesidades naturales, es decir, oler, excavar, ladrar, rastrear, roer, morder, revolcarse… conductas que por mucho que nos puedan molestar, forman parte de sus comportamientos naturales y los perros deberían poder realizar de forma habitual.

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Juanjo Calvo, disfrutando con su anterior compañero de vida, Bruno, en plena naturaleza.

Una inconsciente contención de sus instintos acaba dando lugar a un aumento en la ansiedad, algo que, sumado a la ausencia de ejercicio, puede desembocar en conductas destructivas, vocalizaciones excesivas, comportamientos obsesivos…. y con ello, futuros problemas de convivencia.

Pero, en estos países, sus aceras no están llenas de excrementos, los perros no molestan a nadie, se respetan los jardines… y todo el mundo tiene claro la necesidad de enseñarles unas pautas adecuadas de conducta social y, lo que es aún mejor, saben cómo hacerlo…o se preocupan de contratar a un educador para que lo haga.

Dicen que empatizar es imprescindible para poder entendernos y, sinceramente, muchas veces siento vergüenza al comprobar el comportamiento de algunas “personas” que, de forma consciente o no, son los primeros que no respetan los derechos de los demás.

No debemos olvidar que no a todo el mundo le gustan los animales (ellos se lo pierden), pero debemos evitar darles argumentos que pueda justificar su forma de pensar.
Perro y humano forman una pareja integrada en esta sociedad y, para ser aceptados, es imprescindible que ambos se eduquen juntos.

¡Pero a algunos les cuesta mucho trabajo!… y no estoy pensando en los perros.
Juan José Calvo González
Responsable Bienestar Animal ZOOHBW
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